El viernes se fue una parte de mí, se cerró una puerta de mi vida...
Se fue en un suspiro, en un soplo... y quiero pensar que ni siquiera se dio cuenta...
Llegué a su casa cuando acababa de marcharse, ya nada podía hacerse...y solo pude intentar respirar...me faltaban las fuerzas...
Hacía
tiempo que no era la misma abuela de la niñez porque le fallaba la
memoria, sin embargo, en estos últimos tiempos en muchas ocasiones, me
miraba de forma tierna y me decía...ay hija, con lo que nos hemos
querido, con lo que nos queremos...y yo la acariciaba y le daba un
beso...
Y es que era verdad..., me dolía escucharla cuando le preguntaba cómo estaba y su respuesta muchas veces era....Esperando...
Sabía que el día tenía que llegar un día ú otro, antes ó después..., no se le puede pedir a la vida tanta vida...
Pero
aún esperándolo es un trance duro de pasar, es saber que cierras una
parte de tí y de tu vida, una parte especial...para siempre...
Todos
los adioses son malos tragos...algunos más difíciles que otros...pero
en este caso, no podíamos pedir más, ha tenido una muy larga vida...y se
estaba apagando poco a poco casi sin darnos cuenta.... sin embargo,
duele igual, porque esta abuela nuestra ha sido nuestra segunda madre, a
nuestro lado, protectora, pendiente...generosa, cariñosa...y nosotras,
mi hermana, mis dos primas y yo, siempre a su alrededor..., su casa, la
casa a la que siempre ir, sus comidas, nuestras comidas durante
años...casi hasta el final, ya que con más de noventa aún seguía
cocinando...
Nuestros hijos, sus bisnietos, la han disfrutado, y sobre todo, ella disfrutó de ellos...
Me
lleno de nostalgia al recordar su felicidad cuando le llevaba a mis
hijos siendo pequeñitos, cuando les daba de comer junto a ella, el biberón, la papilla...ó cuando les cambiábamos
los pañales en su casa...era feliz...
Le
encantaba verlos crecer, le encantaba haberlos podido conocer...y los
quería, siempre pendiente...como lo estaba de nosotras cuando éramos
niñas...
Las
personas se marchan para no regresar, dejándote con el sabor de lo
injusto que es querer y perder..., quien ha visto la muerte de cerca lo
entiende bien...sin importar para ello la edad...porque las ausencias se
quedan dentro de nosotros, para siempre...
La vida nos la regaló hasta los 99 años, y cualquiera que la viera no hubiera dicho que tenía ni siquiera los 90...
Siempre
la adoré, ella siempre me apoyaba y encubría en la niñez...era mi
cómplice para muchas cosas...y siempre intentaba que las penas se
transformaran en alegrías, "ya verás como todo pasa, el Señor te
ayudará", ella era muy religiosa y así lo creía...entonces me decía que
rezaría por mí...para que mis cosas me salieran bien...
Y sé que lo hacía cada noche... con su rosario, y sus rezos eran peticiones para todos nosotros...
Siempre velaba por mí, por mi bienestar, al igual que por el de todos sus nietos, por el de sus hijos...era todo corazón...
El
pasado domingo 21 celebramos ese 99 y último cumpleaños..., no
imaginábamos que cinco días después nos dejaría para siempre....
Hoy aún estoy acongojada...acostumbrándome, triste, sin dejar de pensar en ella... pero por suerte, vienen a mí los recuerdos más entrañables..., los de todo el cariño que siempre me dio, siento a mi abuela en aquellos buenos tiempos de la vida...mi niñez, mi adolescencia, mi matrimonio, mis hijos...siempre cerca...en los momentos importantes de mi vida...siempre junto a mí...
Tengo que asumirlo...ahora no estará, pero la llevaré en mi corazón...
Te quiero abuela y te querré siempre...
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